EXPERIENCIAS

Misión EcoMARS

13/05/2026

AUTOR:

Luis Pedro García San Segundo Jiménez

CENTRO:

IES Virgen de la Esperanza

EMAIL:

luisp.sansegundo@outlook.com

DESCRIPCIÓN:

Resumen y palabras clave

La hipótesis central del proyecto es que una base marciana sostenible solo sería posible si combinara cuatro dimensiones inseparables: exploración robótica autónoma del entorno, monitorización atmosférica, producción controlada de biomasa vegetal y planificación nutricional basada en evidencia. Desde esa pregunta guía se articulan Laboratorio VerdeHormiguero ModularBioMARS y Diseña tu menú marciano como fases de una misma misión educativa.

Palabras clave: Marte; robótica educativa; micro:bit; biosignaturas; cultivo vegetal; factores abióticos; nutrición espacial; conservación de alimentos; aprendizaje por indagación.

Justificación y enfoque interdisciplinar

Las agencias NASA y ESA coinciden en que la exploración humana de Marte exige autonomía robótica, sistemas regenerativos de soporte vital y una gestión muy precisa de atmósfera, agua y alimento. La atmósfera marciana contiene alrededor de un 95% de CO₂, la comunicación entre la Tierra y Marte puede tardar entre 4 y 20 minutos en un solo sentido y las misiones de exploración de larga duración necesitan alimentos seguros, nutritivos y aceptables durante años. Además, la búsqueda de biofirmas sigue siendo uno de los grandes retos de la astrobiología.

A partir de ese marco real, el proyecto transforma cuatro trabajos de aula ya desarrollados en una sola secuencia coherente. BioMARS aborda la detección de biofirmas y el control de la atmósfera de una colonia. Laboratorio Verde estudia qué variables abióticas condicionan el crecimiento de la lenteja como modelo de cultivo. Hormiguero Modular analiza la elección y el transporte de alimento en una colonia de Messor barbarus para comprender la optimización energética y la gestión de semillas. Diseña tu menú marciano traslada todo lo anterior a la supervivencia humana, mediante menús equilibrados, conservación de alimentos y toma de decisiones nutricionales según la actividad diaria.

El valor añadido del proyecto reside en que no yuxtapone asignaturas, sino que las hace converger sobre un problema auténtico: cómo habitar Marte sin romper el equilibrio entre tecnología, biología y salud. Así, Biología y Geología, Física y Química, Tecnología y Anatomía Aplicada dejan de funcionar como compartimentos estancos y pasan a formar parte de una investigación común, con una narrativa científica y divulgativa única.

Objetivos y aportación innovadora

El proyecto persigue cinco metas complementarias. La primera es aplicar de forma rigurosa el método científico: plantear hipótesis, controlar variables, medir, registrar datos, representar resultados y extraer conclusiones. La segunda es estudiar la habitabilidad desde una mirada amplia, que incluya atmósfera, biofirmas, crecimiento vegetal, comportamiento animal y nutrición humana. La tercera es desarrollar competencia tecnológica mediante programación con micro:bit, uso de sensores e interpretación de datos ambientales. La cuarta es mejorar la alfabetización alimentaria del alumnado a partir del modelo del Plato Saludable de la Harvard T.H. Chan School of Public Health y de las recomendaciones dietéticas de AESAN. La quinta es divulgar ciencia con materiales manipulables, pósteres, juegos y demostraciones públicas.

Desarrollo del proyecto

La secuencia comienza con la fase de bioexploración marciana. El alumnado investiga las condiciones de Marte y construye una superficie simulada con cráteres, relieve irregular, cauces antiguos y biofirmas repartidas en lugares con sentido geológico. Sobre esa maqueta se desplaza un rover educativo programado con micro:bit y equipado con una cámara IA Lens para reconocer objetos, colores o formas asociadas a posibles biofirmas. El sistema se completa con monitorización atmosférica mediante una placa con sensor BME688, capaz de medir calidad del aire, presión, temperatura y humedad, parámetros esenciales en cualquier hábitat cerrado. En términos didácticos, esta fase conecta programación, inteligencia artificial, exploración planetaria y soporte vital.

La segunda fase es el laboratorio de cultivo. En equipos pequeños, el alumnado prepara macetas de control y macetas experimentales con variaciones de luz, agua, pH y nutrientes del sustrato. Durante cuatro semanas mide número de tallos germinados, altura, hojas, coloración y aspecto general, documentando el proceso en un cuadernillo y con fotografías. Esta fase convierte el crecimiento vegetal en una investigación real y, al mismo tiempo, enlaza con los sistemas de soporte vital regenerativo que la ESA considera necesarios para misiones largas, en las que habrá que producir parte del oxígeno, reciclar recursos y generar biomasa útil.

La tercera fase introduce la ecología de recursos mediante el estudio de Messor barbarus. En un entorno controlado se ofrecen semillas, hierba y solución azucarada para observar exploración, reclutamiento y transporte. Los resultados del proyecto original muestran una detección muy rápida del azúcar, pero una preferencia final por las semillas, que desencadenan un transporte activo y sostenido hacia el hormiguero, mientras que la hierba apenas genera rastro estable. Esta evidencia se interpreta como un modelo biológico de toma de decisiones colectivas y eficiencia energética. Además, la literatura científica sitúa a las hormigas granívoras del género Messor como agentes relevantes en la redistribución de semillas y en la dinámica de los ecosistemas mediterráneos.

La cuarta fase es la supervivencia nutricional. A partir de seis “Días en Marte”, exploración, construcción, mantenimiento, estudio, descanso y laboratorio, el alumnado diseña menús equilibrados con un Plato de Harvard gigante, alimentos manipulables y decisiones sobre conservación. La propuesta se apoya en dos ideas sólidas: una alimentación saludable debe equilibrar grupos de alimentos y nutrientes, y en el espacio los sistemas alimentarios deben priorizar seguridad, estabilidad y adecuación nutricional durante misiones muy prolongadas. Por ello se trabajan congelación, pasteurización, deshidratación y liofilización, y se compara el menú creado por el visitante con ejemplos reales de comida espacial.

La integración culmina en una experiencia expositiva única. El estudiante recibe una misión, observa primero si el rover considera “habitable” una zona por sus parámetros ambientales, consulta después qué condiciones favorecen el crecimiento del cultivo, interpreta qué nos enseñan las hormigas sobre selección y almacenamiento de semillas y, por último, construye un menú marciano viable.

Resultados, evaluación e impacto

Los cuatro proyectos de partida ya ofrecen resultados educativos muy consistentes. Laboratorio Verde demuestra que el alumnado puede sostener un seguimiento experimental prolongado y traducir los datos a cartelería y gamificación. Hormiguero Modular aporta un resultado comparativo claro entre atracción inicial y elección eficiente de recursos. BioMARS demuestra que el alumnado puede integrar maqueta, programación, inteligencia artificial y sensorización ambiental en una simulación científicamente justificada. Diseña tu menú marciano prueba que la nutrición puede enseñarse como una toma de decisiones contextualizada, visual y manipulativa. La propuesta interdisciplinar convierte estos logros parciales en una única cadena de evidencias: detectar, cultivar, optimizar y alimentarse.

La evaluación se plantea con una rúbrica común, basada en cuatro dimensiones: rigor científico, transferencia interdisciplinar, competencia tecnológica y comunicación pública. Se valoran la calidad de las hipótesis, el control de variables, la precisión del registro, la interpretación crítica de resultados, el funcionamiento de sensores y programas, la coherencia nutricional de los menús y la capacidad de explicar el proyecto a otros. Las evidencias de aprendizaje son el cuaderno experimental, las gráficas, los pósteres, el funcionamiento del rover, el tablero de juego, el plato interactivo y la defensa oral del conjunto.

El impacto final es alto y replicable. Parte de los materiales son de bajo coste o reciclados, la tecnología ya está incorporada al aula y el reparto de tareas permite que participe alumnado con perfiles muy distintos: quien investiga, quien mide, quien diseña, quien programa y quien divulga. Precisamente por esa combinación de sostenibilidad material, apertura al público y protagonismo del alumnado, la propuesta tiene un claro potencial para destacar en un certamen que valora tanto la innovación como la participación efectiva de los estudiantes.

Conclusión

Misión EcoMARS transforma cuatro experiencias valiosas en un solo proyecto interdisciplinar con identidad propia. Su fortaleza no está únicamente en hablar de Marte, sino en usar Marte como problema realista para conectar investigación escolar, robótica, ecología, cultivo y nutrición. El resultado es una propuesta clara, actual, participativa y científicamente bien fundamentada, capaz de mostrar que la educación científica más potente no separa saberes: los pone a dialogar para resolver preguntas complejas y cercanas al futuro.

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